martes, 21 de octubre de 2014

La marca imborrable del abuso

Como cientos de mujeres que desempeñan el triple rol de madres, esposas e incansables trabajadoras, ese 14 de mayo de 2012,  Ana María regresaba a casa en la ruta G11 de Transmilenio, soportando con paciencia el acostumbrado tumulto y el calor insoportable, que por momentos la hacia sentir a punto de desmayarse. No lograba sostenerse con firmeza de ninguna parte, literalmente estaba siendo sostenida por los cuerpos a su alrededor, pero intentaba guardar la calma.

De repente sintió roces en sus genitales, pero no tenia como mirar hacia abajo para saber que había pasado. Inicialmente pensó que alguien sin intención la había rozado; pero la situación volvió a repetirse luego de una parada en la que a pesar de que el bus estaba absolutamente lleno entro más gente y ella tenía aún menos posibilidades de reaccionar.

Al confirmar que no era casualidad y que estaba siendo abusada comenzó a gritar anunciando que alguien la manoseada; pero con estupor vio como todos a su alrededor la miraban como a una desquiciada, sin hacer  nada.  Horrorizada ante la indolencia lloraba inconsolable sin haber podido identificar al hombre que la había tocado, ni haber recibido la menor muestra de solidaridad o ayuda. El conductor no le prestó atención, porque  en esos casos si acatan la regla de no hablar, al pie de la letra.

En la siguiente estación Ana María bajó del bus sin poder creer lo que le acababa de suceder y sin poder contener las lágrimas y el sentimiento de impotencia logró comunicarse con su esposo, quien desesperado por no poder hacer nada intentaba consolar a esta indefensa mujer.

Lo más triste de esta situación es que el caso de  Ana María no es un caso aislado. A diario, muchas mujeres son abusadas en mayor o menor grado en estas latas rojas de sardinas que en horas picos son la única alternativa de transporte para cientos de mujeres.  La oportunidad hace al ladrón y estas condiciones son la mayor ventaja de estos depravados sexuales, para cometer sus fechorías.

Otro caso se presentó el 13 de Marzo de este año, en el que Juliana Sarmiento iba de regreso a casa en Transmilenio luego de terminar sus clases en la universidad.  El bus iba lleno pero daba posibilidades de sostenerse, se encontraba un poco incómoda, pero trataba de soportar la situación, cuando el hombre que estaba detrás de ella descaradamente comenzó a cogerla.

Ante tal situación, Juliana que ya había escuchado en las noticias cómo reaccionar ante un abuso de este tipo, comenzó a gritar para que identificaran al hombre y lo agarró fuertemente, para que no se pudiera escapar. De inmediato, en la siguiente estación bajaron y ella denunció el echo a un uniformado de la policía que estaba allí.  En este caso la gente y el conductor del bus, si reaccionaron a favor de la víctima.

El procedimiento para lograr un castigo para estos violadores  es realizar la denuncia ante una Unidad de Reacción Inmediata (URI), por lo que Juliana se desplazó con los agentes de la policía que acudieron para atender el caso, hasta la URI de Usaquén. Allí permaneció desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche realizando la denuncia, en condiciones precarias y compartiendo espacio con el delincuente. Finalmente regresó a su casa tranquila por haber procedido de acuerdo a la ley, pero con la marca imborrable del abuso en su mente.

Muchas mujeres desisten de las denuncias a causa de la lentitud y el papeleo que deben realizarse, sumando a que tienen la percepción de que si lo hacen podrían ser identificadas posteriormente por el abusador.

Actualmente la Secretaría Distrital de la Mujer y Transmilenio ya  trabajan por la mujer, para ofrecerles mecanismos de respaldo a los cuales pueden acudir, ante situaciones de abuso sexual. La administración decidió establecer un protocolo que las mujeres deben seguir ante un caso de abuso.

·      Paso 1: La mujer víctima y/o persona testigo de la situación de acoso, debe informar al conductor.
·      Paso 2: El conductor activa el botón de emergencia.
·      Paso 3: El Centro de Control de TransMilenio activa el dispositivo policía.
·      Paso 4: El articulado se detiene en la estación donde exista apoyo policial para atender la situación.
·      Paso 5: Los auxiliares de policía presentes en las estaciones y los respectivos refuerzos acuden al punto.
·      Paso 6:  Capturan al presente agresor.
·      Paso 7:  La víctima y/o persona testigo se dirige a uno de los puntos de policía judicial más cercano a la estación donde ocurrió la agresión. Allí se recepciona la denuncia como acto urgente: Portal Américas, Portal Calle 80, Portal tunal y Portal Norte, etc.
·      Paso 8: La víctima y/o persona testigo puede dirigirse a las Unidades de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalía General de la Nación.

Según Lisa Gómez, directora del programa “Eliminación de violencia contra mujeres” de la Secretaría distrital de la mujer, el 64% de las mujeres han confesado ser víctimas de diferentes agresiones sexuales en el transporte público. Sin embargo, el 80% de ellas aseguran que la mayoría de estas agresiones se han presentado en el sistema Transmilenio.

A pesar de que Transmilenio ha establecido un protocolo de reacción inmediata ante abusos, no cuenta con una oficina con suficiente personal para dar respuesta a interrogantes de la comunidad. Solo hay una persona encargada del tema y en caso de que ella no se encuentre como sucedió en este reportaje, no hay nadie que pueda suministrar la información, ni siquiera Michelle Bernal encargada de la atención al usuario.

Esta situación demuestra que a pesar de que se está dando atención al tema del abuso sexual en Transmilenio, no se le da la importancia que merece; es inconcebible que un sistema de transporte que cubre toda la ciudad, cuente con un solo responsable para aclarar las inquietudes sobre este tema.

El asunto no es definir protocolos sin guías ni responsables, permanentemente debe haber gente que oriente a los usuarios. El sistema es el que está ocasionando este tipo de situaciones al no contar con suficientes articulados en los que la gente vaya cómoda.



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